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El abstencionismo

Por Oscar Jiménez

   Los datos que las encuestadoras manejan a nivel nacional le dan el triunfo al Partido Revolucionario Institucional en las elecciones de este año.

   De hecho estas empresas mantienen sus números en un 39 % a favor del PRI, un 33 % para el PAN y al PRD lo ubican con el 18 %. De tal modo que a pesar de los golpes bajos que el tricolor ha venido recibiendo, las preferencias electorales le son favorables.

   Sin embargo también las encuestadoras Consulta Mitofsky, Grupo Reforma y Demotecnia de María de las Heras, sostienen que alrededor del 58 por ciento del padrón electoral mexicano no votará el siguiente 05 de julio.

   Siendo así escandaloso el pronóstico de abstencionismo para las elecciones de este año, muy similar al proceso eleccionario que hubo en el año de 2003. Por lo que se anticipa que la poca participación ciudadano traerá poca legitimidad a los ganadores en las urnas.

   Y aún y cuando el marco legal los declare triunfadores, se tendrá que hacer una profunda reflexión sobre la apatía del ciudadano a participar en unas elecciones, algo se tendrá que hacer para nazca en la sociedad el deseo de acudir a las urnas.

   Y aunque no es de genios pensar que la razón de la casi nula participación ciudadana se debe al enorme descrédito que los partidos políticos tienen de frente a la población.

   Y eso se debe a que se ha formado una aristocracia partidista que solamente piensa en servirse y no en servir a sus representados. Esas producciones en masa de nuevos ricos que salen de cada administración pública o de cada legislatura ha llevado a la ciudadanía a no creer en las promesas de los actores políticos.

   En ese nivel de credibilidad nos han colocado los políticos, que con sus acciones alejadas de la moral y de la legalidad han producido en el ciudadano una actitud negativa ante los procesos de elecciones.

   Los responsables de que haya abstencionismo en unas elecciones son los mismos que gobiernan. Son grupos enquistados en el poder público que cada tres o seis años se postulan a un puesto de elección popular para abultar sus chequeras personales.

   Y esto último no es una acusación gratuita, ya que los ejemplos los tenemos a la vista en cada una de las ciudades mexicanas, poblaciones en donde los ciudadanos saben a ciencia cierta que tal o cual familia siempre han vivido de la política, y a ella deben su riqueza.

   Dicho de otro modo. La política se ha convertido para algunas familias en negocio más rentable de sus vidas, y nunca ha asomado, ni por equivocación, el sentido de servicio a la comunidad.

   Por eso vemos que en estos días los actores de la política nacional, esos que dictan la agenda diaria, se lanzan acusaciones sobre enriquecimiento ilícito y sobre sus nexos con la delincuencia organizada.

   De tal modo que algo se tiene que hacer para sacar a la ciudadanía del hartazgo de la política, hacerla más participativa y trabajar para que vuelvan a creer en los partidos políticos.

   Y aunque dicha tarea será titánica y de larga duración, es tiempo de empezar para reconstruir el andamiaje político de los mexicanos, el cual ha sido devastado por aquellos que en lugar de servir a sus conciudadanos se han servido de los presupuestos públicos.

   Por ello, que no se espanten los candidatos de que los ciudadanos no salgan de sus casas a votar el próximo 05 de julio, en lugar de eso que se dediquen a mejorar las condiciones de credibilidad en las instituciones.

   Porque hoy el ciudadano de a pie ya no cree en los quehaceres de la seguridad pública, tampoco en las acciones de los políticos sinvergüenzas, y mucho menos en los partidos que se han dedicado a parir puros políticos sin vocación de servicio a la comunidad.

                         Comentarios: os.j.inu@hotmail.com